limite

Hace apenas tres años, un ingeniero, buen conocedor del sector de la impresión 3D, nos dijo que se acabó, que no iba a evolucionar más, y que el prototipado rápido era su límite.

Nos costaba aceptarlo, no sólo por estar presenciando la velocidad a la que avanzaban algunas tecnologías merced a su popularización o la expiración de patentes, sino, también, mirando simplemente al mercado y su dinámica, porque nosotros no encontrábamos en esos límites – velocidad, tamaño, características fisico-mecánicas varias – ¡mas que oportunidades! Y no nos cabía duda de que otros los estaban viendo también. ¿Por qué no se iban a potenciar los puntos flojos de algo que, a fin de cuentas, no es más (ni nada menos) que un método de fabricación distinto y que, de entrada, ya presenta enormes ventajas funcionales?

Poner-limitesLa velocidad sigue siendo un «problema» para llegar al gran mercado a competir, pero no es un campo ni mucho menos inexplorado. Por poner dos ejemplos, a 3DSystems y Carbon3D les han importado poco las predicciones y se han saltado la imposibilidad de la que hablaba nuestro amigo, permitiendo la fabricación, mientras otras soluciones como la RotoMaak siguen rompiendo la brecha entre la impresión 3D más sencilla y la producción.

Por supuesto, los metales no iban a ser nunca tan buenos como los hechos con tecnologías mucho más asentadas. Pues mira, va a ser que tampoco, y vemos hoy cómo se asedia y se supera esa barrera cada muy poquito tiempo. Hasta por lo más básico se rompen las reglas, con investigación en impresoras de bajo coste.

Ciertas complejidades, decían, no se podrán conseguir nunca, porque… No me acuerdo de por qué era, pues era la barrera más extraña a nuestros ojos. Pero no, no era cierto a gran nivel industrial, ni lo era a pequeño, ni mucho menos. Y donde se juegan las batallas más importantes, que es en medicina, se ve más claro que el agua.

Lo del tamaño y que aumentarlo costaría demasiado era el absurdo más evidente por aquel entonces. Demostrado. De hecho, no sólo hay personas que usan impresoras 3D para hacer casas, sino que hay robots que, ellos solitos, imprimen puentes mediante fabricación aditiva. También hay alguno por ahí diciendo que más tecnología es menos medio ambiente. Que noooo

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¿Qué quieren que hagamos, si él tiempo confirma nuestra visión, salvo mantener las apuestas? Aunque no creemos que las impresoras 3D vayan a instalarse como los microondas en cada casa o que vayan a teletransportarnos, somos de los que ya ganan las apuestas respecto a la evolución de esta tecnología con tiempo de sobra, y tenemos cada vez más claro que es un camino fértil de cambio, en nuestra línea de trabajo, aunque a muchos les vaya a hacer poca gracia conforme expiren las patentes. Es fácil, la apuesta siempre es la misma: cuando le echamos dos años a que una barrera caiga, no suelen pasar ni tres meses.